Algunos dicen y otros repiten que un día como hoy – hace cuarenta años- en Ginebra se murió Borges. Yo no lo creo y no pienso darle crédito a semejante noticia.
No tengo pruebas, pero tampoco dudas que ese viejo ciego, de andar y hablar titubeante, pícaro, mordaz, irónico y creador de miles de universo que confluyen en la mejor literatura en idioma castellano de los últimos siglos sigue vivito y creando entre nosotros.
Algunos catedráticos hablan de un podio entre los mejores y lo ubican junto a Cervantes, Quevedo y García Marquez, en cambio para mí – tal vez influenciado por el aire mundialista que nos invade estos días, prefiero hablar de una semifinal y pienso que Borges dio y dará la vuelta olímpica eterna, es decir se llevó el mundial y el álbum de Panini completo.
¿Borges muerto?
Sentate a tomar un café una tarde cualquiera, en la ciudad del mundo que se te ocurra con Benjamín Otálora y que te cuente lo que le costó su amor fatal por “la colorada”, o con Funes y esa memoria parecida a la IA, déjate llevar por la venganza de Emma, pensá por un momento en lo que sintió Laprida cuando ese “intimo cuchillo en la garganta” lo borró de la historia para siempre.
Trata de que Daneri te invite a la casa de la calle Garay, después de esa “candente mañana de febrero” que murió Viterbo y baja al sótano para ver el Aleph, sin detenerte a mirar el “gran retrato de Beatriz, en torpes colores”.
Dicen que hay una tumba en el cementerio de Plainpalais -en Ginebra-con una frase en inglés antiguo, que pertenece a un antiguo poema que conmemora la batalla de Maldon, ocurrida en el año 991, en el que un ejército sajón debió enfrentar a una horda de vikingos, la frase es, “And ne forhtedon na” que significa “Y que no temieran” y era parte de la arenga que el líder sajón da a sus hombres antes de la batalla: les dice que no teman ante la muerte y que tengan coraje. A veces pienso que esa tumba es otro truco del viejo hechicero que nació una fría tarde agosto del 1899 en la calle Tucumán entre Suipacha y Esmeralda y se crio en Palermo, estoy convencido también que la tumba, el poema, la leyenda y hasta Ginebra son fragmentos de una trama, de otro cuento genial, de un nuevo ensayo enigmático en formato de trampa literaria, y también estoy seguro que no será el último.
Orlando Di Pino
14 de junio del 2026

