Karina ha estado obligada a cruzar el Rubicón para defender su poder; y no dudó un segundo en salir al ruedo.
Cultora de un bajísimo perfil público, tuvo dos excusas muy válidas, por cierto. En una, al auxilio de su protegido Manuel Adorni, el jefe de Gabinete que se metió solito en un lodazal ético al intentar justificar por qué había subido a su esposa al avión presidencial y a la visita oficial a Nueva York.
“Mi apoyo total e incondicional a @madorni frente a tanta basura mediática. Conozco tu integridad. Eso me alcanza. Siempre con vos”, posteó desde su cuenta la hermanísima presidencial.
La otra sucedió en las horas previas. Fue cuando de manera inusual le retrucó al abogado de la AFA, el inefable Gregorio Dalbón, respecto a que el caso en torno a los turbios manejos de fondos millonarios por parte de la casa del fútbol se iba a arreglar políticamente con Karina.
“Conmigo ustedes no tienen nada que arreglar. Están en manos de la Justicia y si son culpables tendrán que pagar con todo el peso de la ley. Fin”, respondió la secretaria general de la Presidencia con un posteo desde Chile, donde acompañaba a Javier Milei en la asunción del nuevo mandatario trasandino, José Kast.
Cabe preguntarse acerca de las razones de este nivel de reacción. En especial porque prefirió esquivarlo con anterioridad frente a hechos más graves.
Hay un plano que es temporal. En el inicio de la administración Milei, la hermanísima dedicó su mayor energía a contenerlo y acompañarlo. Y dejó a otros protagonistas la gestión (Nicolás Posse, Santiago Caputo, Guillermo Francos).
Luego pasó a adentrarse en las posibilidades del manejo de la botonera desde la Secretaría General, que incluía, pero excedía la puerta de acceso al Presidente. Para ello contó con la experiencia de uno de sus lugartenientes, Eduardo “Lule” Menem.
Ese aprendizaje le valió ir por el siguiente escalón: utilizar los extendidos tentáculos del Estado para apuntalar la construcción partidaria nacional y provincial de La Libertad Avanza, que fue examinada con éxito en las elecciones legislativas de octubre pasado.
Hasta ese test clave, un largo proceso que incluyó la euforia por la victoria porteña y la frustración por la derrota bonaerense, Karina prefirió hacer crecer su influencia por debajo del radar. La victoria aceleró hacia afuera lo que ya se vislumbraba adentro.
El Presidente Milei, Manuel Adorni y Karina Milei.
El caso Adorni:
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quedó en el centro de la polémica tras admitir que la decisión de llevar a su esposa en el avión presidencial durante el viaje a Nueva York fue equivocada. El funcionario aseguró que no se trató de un delito, pero sí de una acción inapropiada que no volverá a repetir.
En declaraciones públicas, Adorni expresó: “Fue una pésima decisión, pero no un delito. Hoy no lo volvería a hacer”, y agregó que la vara de transparencia de la gestión “seguirá estando bien alta”. Según explicó, la presencia de su esposa había sido autorizada por Presidencia, aunque reconoció que aceptar esa invitación fue un error.
Karina Milei y Adorni en el Congreso de la Nación
Hasta el posteo de Karina, casi nadie del Gobierno había salido a respaldar a Adorni. Ni siquiera el propio Milei, que lo hizo 45 minutos después que su hermanísima. Y con un curioso argumento economicista de “costo marginal”. En el fondo, el Presidente desconoce que la mayor falta es ética (de la que hizo una bandera), y en las formas se aleja del sostén más afectuoso karinista (“siempre con vos”).
Esa diferenciación también conlleva un mensaje. Sobre todo, hacia la interna. Para decirlo de una manera brutal, como les gusta a los libertarios: Milei entrega, Karina protege. Es altamente factible que sean dos caras de la misma moneda.
Por el contrario, Karina blinda a los suyos. Lo hace ahora con Adorni como antes con los primos Menem, cuando saltó lo de Andis o los contratos con el Estado. O como lo hizo con su operador bonaerense, Sebastián Pareja, ante ácidos cuestionamientos internos por el armado provincial violeta. Por citar apenas un puñado de casos.
A cambio de fidelidad y verticalismo a ultranza, por los suyos Karina se desloma, con perdón de la palabra. De ahí a inmolarse es otro cantar. Habrá que ver si se expone a semejante prueba alguna vez. Pronto, acaso.
Fuente: Perfil/ Javier Calvo.

