martes 26 mayo 2026

«En las sociedades antiguas se decía lo que pasaba, en las modernas pasa lo que se dice». 

Julián Marías

Desplome con esperanza

La venta de insumos para la construcción cayó 33% interanual en marzo pasado; se vuelve al crédito hipotecario, la actividad puede derramar sobre otros sectores.

El escenario general ha entrado en una especie de nuevo statu quo paradojal que, en apariencia, ya no sorprende. La recesión se consolida; la alta aprobación del Gobierno, también. La paradoja simula dejar de serlo cuando pierde su carácter novedoso. El consumo masivo cayó, según Scentia, 4% interanual en enero, 4% en febrero, 7,5% en marzo y un preocupante 14% en abril. El Indec oficializó una contracción de la economía del 8,4% en marzo, que fue del 30% en la construcción, del 20% en la industria y del 17% en el comercio.

Los tres sectores son fuertes generadores de empleo. Sin embargo, la última encuesta nacional de Poliarquía volvió a registrar en mayo que un 57% de la población convalida y acompaña la gestión del presidente Milei.

De hecho, la última encuesta nacional de Pulso Research (2100 casos, 1 al 10 de mayo) señala que el principal sentimiento de la población es la esperanza: 38% de los ciudadanos lo expresan. Le sigue la incertidumbre, con el 21%, y recién luego emergen los aspectos negativos: tristeza/angustia, 17%; bronca/enojo, 11%; desilusión, 6%, y miedo, otro 6%. Sumados, aglutinan el 40%. Valor muy similar al de los ciudadanos que desaprueban de modo contundente la gestión.

Los últimos datos oficiales sobre la actividad industrial confirman esta perspectiva. Si ahondamos en los sectores más cercanos al consumo cotidiano, nos encontramos con números que no dejan lugar a dudas. En marzo, la producción de muebles y colchones cayó 46%, la de pinturas, 35%; la de autos, 29%, igual que la de calzado; la textil, 25%; la de cervezas y gaseosas, 24%; la de motos, 23%, y la de productos lácteos como leches fluidas, yogures y quesos, 17%, igual que la de carne vacuna; la de fiambres y embutidos, 16%, y la de galletitas, 14%, al igual que la de vinos. No sorprende que el uso de la capacidad instalada de la industria haya sido de apenas el 53%. A todo el mundo le sobra stock. Si “no hay plata”, entonces “no hay ventas”.

Como lo afirmó el gran antropólogo francés Marc Augé en el que fuera su último ensayo, La condición humana, publicado en 2022, “en el origen de la ilusión se encuentra el deseo”. Vemos lo que queremos ver, lo que anhelamos, lo que esperamos. Esa es justamente la definición que da el Diccionario de la Real Academia Española para algo tan difícil de precisar como la esperanza: “Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea”. Está ahí, logramos divisarlo entre la bruma que nos rodea, caminamos hacia allá, vamos a llegar, va a suceder, nos moviliza, nos entusiasma, nos motiva, nos pone en marcha. Augé nos recordaba con la sabiduría de sus lúcidos 86 años que “la esperanza, tan ilusoria como suele revelarse, pide la huida hacia adelante. No se identifica con la felicidad, pero intenta huir de la desgracia”.

La esperanza siempre está adelante, más allá, en un “lejos cercano”, en una distancia lo suficientemente próxima como para convocarnos y tan distante como para que haga falta seguir marchando. Es siempre más un motor para irse de algún lugar, un magnetismo, una seducción, una dulce promesa, antes que una realidad.

Si algo están haciendo los argentinos hoy es huyendo, marchando, dirigiéndose hacia otro lugar, hacia una nueva tierra prometida que articula la mítica grandeza del pasado fundacional de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX –Alberdi, Sarmiento, Roca– con el brillo del silicio que propone la transformación digital del siglo XXI encarnada por el que hoy es su ícono máximo: Elon Musk.

En la cuenta @mileipresi 2023, por ejemplo, su titular comentaba que le había solicitado a la inteligencia artificial que diseñara cómo sería el país de Milei luego de unos años de su gobierno. Para ser más precisos, en 2031, es decir, dos mandatos. El texto era acompañado por una imagen donde se veía una especie de fusión misteriosa y muy atractiva entre Puerto Madero, Silicon Valley, Manhattan, Dubái y, por qué no, algún dejo de Ciudad Gótica.

Naturalmente, el aura de perfección y supremacía que ostenta la inteligencia artificial operaba como un refuerzo semántico implícito. Si lo dicen los softwares más desarrollados del mundo, “debe ser así”.

Apenas unos días después, el propio presidente Milei, reposteó un tuit de la cuenta Coherencia por favor, donde podía verse su imagen con la indumentaria de un monje. El alumno le preguntaba al maestro el motivo de su dolor. A lo que él respondía: “Es porque esta vez elegiste la cura en vez de la anestesia”.

A cinco meses de aquellos posteos que dejaron tempranamente asentada la lógica discursiva del Gobierno, estamos en una especie de “pausa”. Superada la euforia inicial y comenzando a sentir el cansancio en el largo trajinar del desierto, se habla poco y se da por sentado que lo hecho hecho está y lo dicho ya fue dicho. Ahora solo queda marchar y esperar.

Parecería que después de tanta intensidad la sociedad hubiera optado por cerrarse sobre sí misma para protegerse. Sabiendo que la espera una larga y desafiante travesía, al igual que a Ulises en la Odisea, aquel histórico poema de Homero del siglo VIII a. C., decidieron atarse al mástil de la nave para evitar caer en la tentación de los seductores cantos de sirena. Esas sirenas les proponen, como al mítico personaje, un agradable momento en el corto plazo.

Así estamos hasta hoy. Pero, debajo de la superficie, dos fuerzas poderosas se desplazan con la potencial capacidad de alterar significativamente el devenir de los acontecimientos. Y están acelerando. Una de ellas juega a favor del imaginario de futuro, lo abona, renueva las energías, lo potencia. La otra podría lastimarlo en su fibra más sensible, encarnando así otra de las figuras míticas de los poemas homéricos: Aquiles, el héroe de Troya. Homero relata en su otro gran poema, la Ilíada, que una flecha envenenada hiere de muerte al hábil guerrero por impactarlo en su único punto vulnerable: el talón. En la historia se lo conocería luego como “el talón de Aquiles” y simbolizaría la máxima debilidad de un individuo o un sistema.

Para entender este inédito momento, vale la pena recordar la cita atribuida a San Agustín: “La esperanza tiene dos adorables hijos: el enfado y el valor. El enfado al ver cómo son las cosas y el valor, para no permitir que continúen así”. De eso está hecha esta marcha, que es, sobre todo, una huida. De dolor y convicción. En el horizonte de los caminantes hay luces, pero también sombras. Imposible saber si llegarán a destino.

Guillermo Oliveto ; sinopsis de la nota publicada en La Nación el 27-05-2024.

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