martes 28 julio 2026

«En las sociedades antiguas se decía lo que pasaba, en las modernas pasa lo que se dice». 

Julián Marías

El poder de Jesica

Jesica Cirio

En Argentina el poder no siempre se ejerce desde un escritorio. A veces se ejerce desde un yate, una mesa VIP, o un feed de Instagram. Jesica Cirio entiende ese código mejor que nadie.

Cirio no legisla. No gestiona. No firma decretos.
Su capital es otro: la exposición. Durante 20 años construyó una marca personal ligada al lujo, a la noche y a los hombres que toman decisiones.
Pasó por la tele, por el bailando, por los portales. Pero su verdadero hábitat siempre fue el mismo: el círculo de empresarios, dirigentes y figuras que manejan cajas.
No es funcionaria. Nunca lo fue. Por eso mismo su figura molesta: expone sin querer algo que la política prefiere ocultar. Que hay un mundo paralelo donde se cierran negocios, se hacen contactos y se blanquean privilegios.

Estilo

Cada tanto su nombre aparece. En una causa. En una foto. En un rumor.
2019: mencionada en investigaciones por enriquecimiento y lavado que salpicaban a funcionarios y empresarios. No fue acusada. No fue procesada. Quedó como «vínculo».
Y ahí está la clave. En Argentina no necesitás tener cargo para ser parte del sistema. Alcanza con ser el entorno. La vidriera. El premio.

Jesica Cirio riéndose

Cirio en su rol de conductora de TV.

¿Qué representa Cirio?

Representa la grieta cultural que ningún gobierno pudo cerrar.
Mientras se pide «austeridad» y «empatía con la gente», el circuito de poder sigue funcionando igual: viajes, marcas, privilegios. Y figuras como Sirio son las que le ponen cara a eso.
Ella no creó el sistema. Lo habita. Lo explota. Y lo muestra.

Por eso genera tanto rechazo y tanta fascinación. Porque nos recuerda que el poder, en Argentina, también se hereda, se compra y se exhibe.

Hoy Jesica sigue en redes. Vendiendo estética. Sin dar entrevistas políticas.
No debe explicaciones. Y no las va a dar.

Pero cada vez que estalle un escándalo de corrupción, su nombre va a volver. No por lo que hizo. Sino por lo que representa: la frivolidad del poder.

Jesica Cirio e Insaurralde

Jesica Cirio y Marín Insaurralde

Conclusión:

Jesica Cirio no es el problema. Es el síntoma. Es el espejo donde la política no quiere mirarse.

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