Trump contra sus fantasmas.
El ataque de Estados Unidos a Israel e Irán tiene su origen en una doble debilidad. La primera corresponde al pésimo momento que atraviesa el presidente Donald Trump. Al daño que ha generado en su base electoral el ponzoñoso caso Epstein, se ha sumado la decisión del Tribunal Supremo (de mayoría conservadora por obra suya) de anular la mayor parte de su política arancelaria, posiblemente la medida de la que más se ufanaba.
Ha sido un gigantesco varapalo que ha llevado a Trump, consciente de la importancia de las elecciones al Congreso y al Senado de noviembre, a buscar la recuperación en una guerra contra Irán, un régimen cuya debilidad es patente. Teherán ha visto en los últimos tiempos desmoronarse sus principales franquicias exteriores, Hezbolá y Hamás, y, en el interior, el país se hunde entre masivas protestas, un bazar estrangulado y un sistema de corte teocrático incapaz de responder a las nuevas necesidades.
Esta fragilidad ha alentado en la Casa Blanca la idea de que un golpe certero derivaría en una victoria fácil y rápida. El cálculo, que se reafirma en la pobre reacción iraní al ataque de junio pasado y en la apabullante superioridad armamentística de Estados Unidos e Israel, pasa por alto que, a diferencia de Venezuela o Cuba, el principal elemento de cohesión interna del régimen iraní, al menos en sus partes más activas, es el fanatismo religioso. Un factor que no solo hace previsible una resistencia mayor, sino que abre la puerta a un escenario de respuesta muy alejado de la guerra convencional. No es lo mismo matar a un general que a un ayatolá, y mucho menos si es el líder supremo de la Revolución Islámica. Trump, aconsejado por los halcones israelíes, ha prendido fuego a una mecha que, en cualquier momento, en cualquier calle de Occidente, puede estallar.
Jan Martinez Ahrens, publicado en EL PAIS de España.
Europa y la guerra.
Francia y el Reino Unido han desplegado ya fuerzas y equipos militares en Oriente Próximo, pese a las críticas hacia Estados Unidos e Israel por la ofensiva contra Irán, que ha incendiado la región con un conflicto que se expande rápidamente. París y Londres mantienen los recelos hacia una operación que temen que pueda arrastrar a Europa, pero han ordenado movilizar cazas militares, fragatas y sistemas antiaéreos para proteger los intereses de sus aliados, tanto europeos como árabes.
Países Bajos está analizando enviar también efectivos para participar en la operación. Grecia, que ha decidido instalar una batería antimisiles en la isla mediterránea de Kárpatos, ha enviado buques militares a Chipre. Esta isla, miembro de la UE y situada a unos 200 kilómetros de Líbano, país también alcanzado ya por el conflicto, y a unos 350 de Israel, acoge dos bases de la fuerza aérea británica. Allí impactó un dron el lunes.
La guerra ha rozado también territorio de la OTAN: Turquía ha informado este miércoles de que sistemas de la Alianza Atlántica instalados en su suelo han derribado un misil sobre su territorio, lo que ha elevado el temor de que el caos se extienda aún más, con consecuencias imprevisibles.
En la UE, la alta representante para Política Exterior y Seguridad, Kaja Kallas, ha convocado, junto con la presidencia bareiní, un Consejo Conjunto de la Unión y los países del Golfo para “trabajar conjuntamente en la desescalada, salvaguardando la seguridad regional y el respeto del derecho internacional”, según ha explicado un portavoz comunitario. “Nuestros socios del Consejo de Cooperación del Golfo pueden contar plenamente con el firme apoyo de la UE en estos tiempos turbulentos”, ha remarcado el portavoz.
María R. Sahuquillo y Daniel Verdú publicado en EL PAIS de España.

