lunes 26 octubre 2026

«En las sociedades antiguas se decía lo que pasaba, en las modernas pasa lo que se dice». 

Julián Marías

La tregua

Donald Trump con Xi Jinping

El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping no puso fin a la rivalidad entre Estados Unidos y China. Logró algo más concreto: establecer una pausa y algunos mecanismos para administrar una competencia que ya define buena parte del futuro del planeta.

Comercio, inteligencia artificial, minerales críticos, energía, fentanilo y seguridad internacional estuvieron entre los principales temas de la agenda. La reunión dejó una extensión de la tregua comercial hasta enero de 2027 y nuevos compromisos para reducir determinados aranceles y aumentar el intercambio de productos. China, además, acordó incrementar sus compras de carbón estadounidense.

Pero detrás del comercio aparece la verdadera disputa: quién tendrá el poder tecnológico del siglo XXI.

Estados Unidos y China son los dos grandes competidores por el liderazgo en inteligencia artificial. Por eso resulta significativo que hayan acordado establecer un diálogo específico sobre IA y canales de comunicación para abordar sus riesgos. No significa compartir tecnología ni abandonar la competencia: significa intentar que esa competencia no se convierta en una fuente de crisis.

Algo similar ocurre con las tierras raras y otros minerales críticos. China ocupa una posición dominante en muchas de estas cadenas de suministro, mientras Estados Unidos intenta reducir su dependencia. Ambos países acordaron continuar trabajando para normalizar los flujos comerciales de estos materiales estratégicos.

También hubo avances en cooperación contra el tráfico de precursores del fentanilo, energía y comunicaciones militares destinadas a evitar que un incidente entre ambas potencias pueda escalar. Las diferencias sobre seguridad en Asia y, particularmente, sobre Taiwán, sin embargo, permanecen abiertas.

Donald Trump con Xi Jinping

Donald Trump con Xi Jinping

Una tregua, no una reconciliación

La consecuencia inmediata es una reducción de la incertidumbre: menos riesgo de una nueva escalada arancelaria, mayor previsibilidad para empresas y cadenas de suministro y una señal de estabilidad para los mercados.

La consecuencia mediata puede ser mucho más importante. Estados Unidos y China parecen avanzar hacia una fórmula de “convivencia competitiva”: cooperar en determinados asuntos, competir ferozmente en otros y mantener canales de comunicación para evitar que la rivalidad desemboque en un conflicto.

Y eso excede largamente a Washington y Beijing.

Europa, Asia y América Latina deberán adaptarse a una relación que condiciona el comercio, la tecnología, la energía y las inversiones globales. Para América Latina, particularmente, la ecuación es delicada: China es un mercado fundamental para sus materias primas y alimentos, mientras Estados Unidos continúa siendo un socio económico y financiero central.

Por eso, la fotografía de Trump y Xi estrechándose la mano no representa una reconciliación, representa algo más pragmático: dos potencias que saben que necesitan competir sin romper el sistema del que ambas dependen.

Orlando Di Pino

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