jueves 02 abril 2026

«En las sociedades antiguas se decía lo que pasaba, en las modernas pasa lo que se dice». 

Julián Marías

Pragmatismo y profecía

En la política siempre se da una tensión entre lo ideológico y la realidad. El gobierno de Milei necesita que lleguen nuevas inversiones extranjeras y también los capitales argentinos en el exterior, pero su día a día no genera la confianza suficiente para que entre dinero.

 A muchos empresarios les divierte sacarse fotos con el Presidente, pero no están dispuestos a invertir, ante la incertidumbre que sus excentricidades producen.

Sus declaraciones y actitudes pueden endurecer el apoyo de sus seguidores más decididos, pero impactar mal en los empresarios, una minoría que se divierte con su espectáculo, pero es celosa si debe arriesgar su dinero en un país inseguro.

El apoyo de la gente que se mide con las encuestas es volátil. Casi todos los mandatarios elegidos después de la pandemia, con la excepción de Andrés Manuel López Obrador, disfrutaron de un año inicial con apoyo mayoritario, que después se desplomó, porque las preferencias políticas de los ciudadanos se relacionan con el like en las redes y no con una doctrina. Se desmorona si no existe una estrategia de comunicación en la que se profundicen las imágenes que conectan al presidente con la gente común. Tiene que ver con el pensamiento rápido de Kahneman.

La actitud de los empresarios es más cauta y tiene un norte: invierten en donde hay reglas del juego claras, un ambiente político y social que dé garantías de que durarán, y un gobierno previsible. El empresario puede tener simpatías políticas, pero ante todo es empresario, si no busca el éxito de sus negocios, deja de serlo.

En una época en la que ha perdido sentido el discurso y prima la comunicación de las imágenes, uno de los aliados escogidos por Milei ha sido Donald Trump. El polémico político norteamericano tiene posibilidades de ganar las elecciones de su país, pero nada está asegurado. Las encuestas dicen que hay una paridad entre quienes lo apoyan y los que prefieren la reelección de Biden, pero este dato no es tan importante en un país que escoge a su mandatario con una compleja red de elecciones estatales. En más de un caso, incluida la primera elección de Trump, triunfa quien tiene más electores y no el que consigue más votos.

Como están las cosas, es difícil saber quién ganará en noviembre. Si es Biden, la declarada simpatía de Milei por Trump tendrá costos. Pero si gana Trump, las cosas irán peor. Él y Milei se identifican por su estilo disruptivo y por la violencia de su discurso, pero cuando Trump dice que pretende “hacer una América más grande otra vez”, habla solo de Estados Unidos.

Otro tanto ocurre con el entusiasmo de Milei con Nayib Bukele, presidente de El Salvador, a cuya posesión viajó hace poco. El Salvador es el país más pequeño del continente, no se puede esperar que llegue una ola de inversionistas salvadoreños a revitalizar la economía argentina. Nuevamente, las imágenes y el espectáculo proyectan el encuentro entre dos presidentes que tienen poco en común.

Milei viajó a la posesión de Bukele mientras Argentina se incendiaba por distintas causas. Tuvo que escuchar el discurso estatista de Bukele, que propone crear una nueva democracia de partido único, como la de los países del socialismo real. Nuevamente, lo que priman son las formas. Bukele es un líder estrafalario, que no respeta los derechos humanos y se viste de virrey para la posesión. Ambos manejan la comunicación del espectáculo político, pero piensan de manera totalmente diferente. ¿Cuántas inversiones llegarán a la Argentina impulsadas por Bukele?

La comunicación disruptiva tuvo otro capítulo: Milei se reunió con varios de los grandes empresarios de Silicon Valley, porque quiere crear un polo de desarrollo tecnológico de inteligencia artificial (IA) en Argentina. El propósito es interesante, está en línea con lo que hemos reclamado en esta columna desde hace una década, pero tiene también dificultades.

Elon Musk recomendó hace meses invertir en Argentina, pero ningún empresario importante, incluido él mismo, hizo algo. Una cosa es tomarse selfies divertidas con un personaje original y otra arriesgar su capital en un país que no luce seguro.

El enfrentamiento con gobernantes de “izquierda” de países importantes son otro tiro en el pie del Gobierno, al que le dificulta conseguir sus metas. Milei se ha peleado frontalmente con México, el país hispanoparlante más grande del mundo. Su población, sumada a los 20 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, es superior a totalidad de habitantes de los tres países hispanos que le siguen, Colombia, España y Argentina. La economía de la ciudad de México es más importante que la de El Salvador.

El estilo de Milei es atractivo para una capa de la población del mundo, que está cansada del sistema, de los partidos y los políticos tradicionales que no son capaces de producir likes en la red. También para élites progresistas contestatarias como la de Silicon Valley y otros líderes alternativos.

Pero si creemos que para que funcione el gobierno de Milei es indispensable que lleguen nuevas inversiones, es difícil que lo hagan con este nivel de ineficiencia. El entusiasmo por cambiar el mundo en un mes, con un decreto urgente que transformaba todo el aparato jurídico del país, provocó que en seis meses no se haya aprobado ni una sola ley y ahora el Gobierno luche porque se apruebe un retazo del texto original. Se volvió gradualista en esto y también en la actualización de las tarifas que iba a decretarse en la primera semana.

Hay cambios permanentes de ministros. El Presidente anuncia que es un topo infiltrado en el Estado para destruirlo, que lo que resuelva el Congreso le importa “tres carajos”, no lo va a respetar. Los conflictos estallan por todos lados, nada es previsible. En este ambiente, ¿habrá quien quiera invertir o repatriar sus capitales al país?

Ha llegado el momento en el que la profecía debe dejar un espacio a la realidad, a la gente, a sus necesidades y sentimientos. Hay que parar el torbellino y perder el tiempo pensando un poco. Si no, puede fracasar este experimento impactando en otras posibilidades de cambio en América Latina.

Jaime Durán Barba, Sinopsis del artículo publicado en PERFIL el 09-06-2024

Scroll al inicio