En un discurso de respaldo, pero también con fuerte tono crítico, Mauricio Macri reconoció que «el entorno de Javier Milei no permite que el PRO lo ayude», aunque pidió que «sigamos respaldando al Gobierno, necesitamos que le vaya bien, porque necesitamos que a todos los argentinos nos vaya bien». «Tiene claro qué hacer, pero no sabe cómo», resumió.
Destacó el esfuerzo en el ajuste fiscal, al que denominó «histórico», valoró que el objetivo esté puesto en reducir la inflación y recuperar el crédito, aunque señaló que «no alcanza con trabajar solo en la macro, también hay que ocuparse de la micro».
El expresidente especificó algunos puntos para demostrar que la gestión no funciona como la hidro vía, que aún no fue licitada, el cierre de las empresas públicas prometidas, el desprolijo ajuste fiscal y la falta de equipo y método para conseguir los objetivos planteados.
«Tiene las ideas, pero no sabe cómo implementarlas», señaló Macri sobre la gestión de Milei. También criticó que no se hayan designado funcionarios idóneos, «quedaron muchos de tiempos de Sergio Massa o el kirchnerismo».
Y antes del final pidió por la libertad en Venezuela: «Vamos Venezuela, es tan linda la bandera y a Maduro le queda tan fea», dijo, mientras flameaba una gorra tricolor, para luego concentrarse en la última arenga, donde pidió que «sigamos respaldando al Gobierno Quiero de corazón que a este Gobierno le vaya bien porque quiero que a los argentinos les vaya bien, carajo».
Para despedirse, frente a sus militantes, reflexionó «si miro hacia atrás éramos 15, y si miro hacia adelante, veo que hay un grupo inmenso comprometido con el cambio. Hemos decidido atar nuestro compromiso con el destino de la Argentina. Porque el PRO estuvo, está y estará siempre por el bienestar de los argentinos».
Macri llegó una hora antes de lo previsto al acto. Se lo notaba ansioso por salir a la cancha de nuevo como protagonista. Hacía mucho que no lo hacía, quizás más de un año, cuando resignó su candidatura en un evento en la Rural. Pero el acto en La Boca fue distinto, con militantes, cierto desorden, notoria falta de conducción del detrás de escena y una mano derecha, Fernando De Andreis, que tenía que cuidar desde los accesos al jefe hasta el sonido.
El primero en llegar fue el anfitrión, Jorge Macri, muy preocupado porque la Nación no había realizado el giro automático de coparticipación que le corresponde a la Ciudad, tal como se había comprometido el ministro Luis «Toto» Caputo. Junto a su primo, esperaron a Ignacio Torres (Chubut) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos), quienes le sugirieron algunas líneas del discurso, que el expresidente había elaborado en base a un texto de Hernán Iglesias Illa.

