martes 26 mayo 2026

«En las sociedades antiguas se decía lo que pasaba, en las modernas pasa lo que se dice». 

Julián Marías

Tres M

Milei, Menem, Macri

Lo que sigue es un fragmento del libro "Operación Argentina: De la ilusión a la casta, diálogos sobre cuatro décadas de democracia" de Andrés Malamud y Astrid Pikielny, en ese trabajo los autores reflexionan sobre la trayectoria del país, de Alfonsín a Milei; este texto pertenece al capítulo 3, “Con M de mercado: Menem, Macri, Milei” y fue recopilado por Santiago Oroz para La Nación.

Astrid Pikielny

Cuando Javier Milei colocó el busto de mármol de Carlos Menem en el Hall de Honor de la Casa Rosada, en mayo de 2024, recordó esta historia frente a los familiares y miembros del gabinete de Menem y funcionarios del gobierno libertario: “Fui a la casa de Carlos y cuando llegué me dijo algo que me dejó helada la sangre: ‘Vos vas a ser presidente de la Argentina, pero lo vas a hacer mejor porque vos no solo tenés la intuición y el coraje sino que tenés el conocimiento’”. Menem le habría dicho esta frase en 2018, tres años antes de que Milei fuera elegido diputado. En ese momento, el libertario era un economista extravagante que destruía piñatas del Banco Central frente a las cámaras de televisión, circulaba por los canales como panelista, militaba el achicamiento del Estado y la dolarización y reivindicaba el gobierno de Menem. ¿Qué creés que vio Menem en Milei?

Andrés Malamud

Patillas, para empezar (risas). Creo que vio un reflejo de sí. Menem se transformó en un personaje impopular des­pués del derrumbe de la convertibilidad, por eso debe haber sentido aprecio por quien lo reivindicaba. También es probable que haya encontrado en Milei los atributos que él tenía cuando joven, que eran esa locura, esa vitalidad, esa característica biológica que se asocia con el peronismo y no con otros partidos. Además del vitalismo, quizás haya visto en Milei la osadía, el arrojo de alguien que se anima a lo que parece imposible, que se abalanza contra lo que hay enfrente y hace que las cosas pasen. En este relato, Menem le reconoce el coraje y, como Milei es economista, el conocimiento técnico que él no tenía. Sus palabras sugieren que vio en Milei una versión mejorada de sí mismo. Y evidentemente hubo química entre ellos, que es una de las características de este tipo de liderazgos: el carisma, ese don conferido por la divinidad y reconocido por los seguidores.

AP. En ese encuentro, Milei recuerda haberle dicho a Menem que a él no le gustaba la política, que le interesaba “la batalla cultural”, que lo suyo era “el mundo de las ideas”. “Vos escuchame: yo nunca me equivoco”, le respondió el expresidente. Después de la caída de la convertibilidad y pos 2001, Menem fue la herencia maldita para el peronismo -para la política toda, en realidad-, un personaje incómodo, la encarnación de todas las plagas de la Argentina. Me hace acordar a una frase del politólogo Pablo Touzon: “Menem es el gran cancelado de la historia reciente de la política argentina”. Algunos podrían incluso decir que Menem fue víctima de bullying político. Quizás haya visto en Milei a alguien capaz de llevar adelante un acto de reparación.

AM. Sí, Menem fue senador del bloque cristinista en sus últimos años de vida y, aun cuando los Kirchner lo protegían con los fue­ros en el Senado (porque tenía causas abiertas en la Justicia), no lo respetaron. ¿Por qué no lo respetaron? Porque no lo ponían a él como modelo, preferían ser asociados con Alfonsín -por eso Cristina terminó reclutando a Leopoldo Moreau como su más eficaz escudero-. Menem, para los Kirchner, siempre fue anatema. Incluso cuando lo usaron. Incluso cuando él los usó. Se usaron mutuamente, se apoyaron mutuamente. Nunca pensaron que el otro fuera digno de respeto. Quizá políticamente, pero no ideológicamente. Menem era para los Kirchner la mancha venenosa. Lo protegieron, pero no lo reivindicaron. En las buenas, fueron menemistas, como casi todos; y en las malas, fueron antimenemistas, como casi todos.

AP. Es claro que Menem y Milei tienen perfiles y trayectorias diferentes y fueron protagonistas de épocas distintas. Menem hizo el cursus honorum de la política dentro de un partido histórico, el Justicialista; dedicó su vida a la política; es producto de ella y se reconocía orgullosamente como un político. Milei es producto de la crisis del a política, de los partidos políticos y de la representación política. Es un outsider sin partido ni estructura, sin historia partidaria; y aunque aprendió rápidamente los trucos y secretos de la política, se declara “antipolítico”. En ese sentido, parecen opuestos perfectos. Macri también fue construyendo su carrera política paso a paso, saltando en escala.

Javier Milei
Mauricio Macri
Carlos Menem

AM. Claro, Milei viene de afuera y contra la política. Milei es opuesto tanto a Menem como a Macri, porque Macri tomó el manual de la política tradicional y lo siguió a rajatabla. Hizo todo según el regla­mento. Y escaló gradualmente. Primero, Boca Juniors, un gran club de fútbol. Segundo, la política municipal. Y finalmente, la política nacional, que incluyó victorias y derrotas. Como Menem, Macri siguió el cursus honorum de la política argentina, que recetaba un partido y una gobernación como camino hacia la cumbre. Dos de las pruebas superadas por Macri fueron, primero, digerir la derrota cuando se candidateó por primera vez en la Ciudad de Buenos Aires contra Aníbal Ibarra, en 2003, y seguir adelante. Segundo, cuando salteó la elección presidencial de 2011, demostrando paciencia estratégica. Esto es típico de los grandes políticos profesionales, requiere mucha disciplina. Los que vienen de afuera de la política no suelen ser dis­ciplinados. Nosotros conocemos a los que tuvieron éxito, pero en general los outsiders -como Francisco De Narváez, Miguel Del Sel o el nonato Marcelo Tinelli- se cansan y se van. Abandonan. Macri tuvo disciplina. Sus ideas y sus equipos provinieron de la fundación partidaria que él mismo creó. Marcos Peña, su mano derecha, lo con­ tenía y moderaba. Su gurú de campaña, Jaime Durán Barba, no se metía en las tareas de gobierno. Macri jugó según el manual y le fue mal. Siente que fracasó. Se arrepiente de haberse rendido al gradua­lismo. Lo convencieron de que no tenía alternativa y de que “el shock” lo llevaba al helicóptero. Su partido se terminó en el intervalo, sin segundo tiempo. Y ahora viene Milei, quema el manual, no respeta ni el índice y está jugando su revancha. Sin Macri no hubiera habido Milei, pero habiendo Milei no hay más Macri.

AP. Milei llega rompiendo el reglamento. Quizá no llega “a pesar de eso” sino “gracias a eso”. Es lo que sus votantes querían, necesitaban: alguien “puro”, “incontaminado”, que no fuera “casta”, que no hubiera fracasado anteriormente.

AM. Sí, Milei hizo todo contra el reglamento. Entró a la política desde los sets de televisión, se fortaleció en las redes sociales, llegó a dipu­tado sin partido y saltó a la presidencia sin haber gobernado nada. No tiene fundación partidaria, sus equipos y funcionarios provienen de todos los gobiernos que lo antecedieron y sus ideas provienen de la escuela austríaca. A diferencia de Marcos Peña con Macri, su mano derecha, Karina Milei, lo contiene pero no lo modera. Y a diferencia de Durán Barba, su gurú de campaña, Santiago Caputo, controla áreas clave del gobierno sin ser funcionario público. La estrategia electoral de Macri consistió en construir coaliciones partidarias para combatir al kirchnerismo; la estrategia electoral de Milei consiste en erosionar las coaliciones ajenas y cooptar a sus dirigentes para combatir casta con casta. El atractivo electoral de Macri se extendía por la zona núcleo -el eje horizontal del país que atraviesa la región pampeana desde el mar hasta Mendoza- y su bastión electoral era la Ciudad de Buenos Aires. En Córdoba arrasaba, aunque no gobernaba. La dirigencia del PRO se nutrió del peronismo, pero heredó su base electoral del radicalismo. Aunque Milei proviene de la Capital, su bastión electoral está en el interior: en la primera vuelta de 2023 salió tercero en las dos Buenos Aires (Capital y PBA), pero ganó en 16 pro­vincias, dibujando un eje vertical desde Jujuy hasta Tierra del Fuego, con epicentro en Córdoba y Mendoza. Así como la dirigencia de LLA proviene tanto del peronismo como del antiperonismo, su base electoral combinó provincias peronistas y antiperonistas y convirtió a Milei en el primer presidente transversal de la historia moderna. Milei piensa que va a tener éxito. Va a fondo y no se arrepiente de nada. Su partido no es el segundo tiempo de Macri, sino su primer tiempo.

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