viernes 03 abril 2026

«En las sociedades antiguas se decía lo que pasaba, en las modernas pasa lo que se dice». 

Julián Marías

Trump se va de boca.

El mandatario norteamericano muestra una llamativa predisposición a referirse a los cuerpos ajenos, en particular de mujeres y a realizar afirmaciones respecto a otros países que dejan atónito al planeta.

Hace unos pocos días, durante su discurso ante el Knesset —el Parlamento israelí—, el presidente Donald Trump señaló al jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel, Eyal Zamir, y dijo: “Mírenlo, el tipo parece salido de un casting. Hay que ponerlo en una película.”

Un par de minutos después, se puso a recordarles a los legisladores israelíes cómo fue su encuentro con el general Dan Caine, actual jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano, y otros altos mandos militares. “Todos parecían salidos de un casting”, dijo Trump. “Acá entre nosotros, si los ponemos a hacer películas nos hacemos ricos.”

Esa misma tarde, mientras daba su discurso en una ceremonia por la paz en Gaza que se realizó en Egipto, Trump señaló a la primera ministra italiana, Georgia Meloni. “Es una joven bonita”, dijo Trump. “Hoy, si en Estados Unidos decís que una mujer es “bonita” es el final de tu carrera política, pero voy a correr el riesgo. ¿Dónde está? ¡Ahí está! No te molesta que diga que sos bonita, ¿no? Porque lo sos.”

Una de las peculiaridades más notables de Trump es su predisposición para referirse públicamente a la apariencia física de las personas, ya sean mujeres u hombres, jefes de Estado o comandantes militares, reporteros acreditados de la Casa Blanca o su propio personal. En una época en la que otras figuras públicas suelen evitar al máximo esos comentarios para no parecer sexistas o superficiales, Trump parece deleitarse con tales apreciaciones de valor.

“Sus comentarios sobre la apariencia física de las personas son apenas una munición más de su arsenal, algo que utiliza para enaltecer o denigrar a la gente”, señala Terence Szuplat, exredactor de discursos de la Casa Blanca durante el gobierno de Barack Obama y autor de un libro sobre oratoria. “Si alguien le gusta y lo considera bien parecido, le dice que parece salido de un casting, y al que no le gusta o le parece feo lo ataca.”

Trump no rehúye de piropear a los hombres, basta recordar su memorable comentario sobre los atributos físicos de Arnold Palmer, leyenda del golf. Pero sus comentarios sobre las mujeres suelen atraer más la atención, en una época caracterizada por una creciente concientización sobre el acoso sexual y el rechazo a evaluar a las mujeres por su apariencia.

Sos hermosa, tan hermosa…”, le dijo Trump a Kate, Princesa de Gales, durante su visita a Gran Bretaña en septiembre.

El martes, Trump hizo referencia a la apariencia física de su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, mientras hablaba con la prensa. “Esa cara… y esos labios…”, dijo Trump. “Se mueven como una ametralladora, ¿no les parece?.”

En una reunión de gabinete de agosto, Trump se refirió a la fiscal general Pam Bondi de la siguiente manera: “Miro a Pam. Nunca voy a decir que es hermosa, porque eso implicaría el fin de mi carrera política.”

Robert C. Rowland, profesor de retórica y comunicación política en la Universidad de Kansas, dice que esos comentarios van dirigidos a los seguidores de Trump y que el mensaje es que el presidente es directo y no adorna las cosas.

“Genera una sensación de autenticidad”, dice Rowland. “Y la sensación de autenticidad es crucial en política. Si la gente piensa que sos falso, no te acepta… Por eso, esto a Trump le sirve para generar la idea de que es un tipo común a pesar de ser un cripto-megamillonario.”

La vocera de la Casa Blanca, Liz Huston, ofrece una explicación similar. “Al presidente Trump no le importa ser políticamente correcto”, dice Huston. “Al pueblo norteamericano le encanta lo auténtico, transparente y eficaz que es el presidente, y por eso obtuvo una aplastante victoria en noviembre pasado.”

Pero Deborah Tannen, profesora de lingüística en la Universidad de Georgetown, dice que los comentarios sobre el aspecto físico de las mujeres son especialmente indecorosos.

“Siempre se ha hablado de los comentarios sobre la apariencia de las mujeres, pero en general eran comentarios referidos a su ropa o su peinado”, asegura Tannen. “Pero estos ejemplos son diferentes porque apuntan directamente al cuerpo físico, y eso es mucho más amenazante, inquietante e impropios.”

Trump no es el primer presidente que llama la atención por referirse a la apariencia de una figura pública femenina. En abril de 2013, Obama se disculpó con Kamala Harris, entonces fiscal general de California, por haber dicho ante un grupo de aportantes de campaña que era la “fiscal general más linda del país.”

Pero Trump hace este tipo de comentarios con mucha más frecuencia que otros líderes políticos, y a diferencia de Obama, no se ha sentido obligado a tener que disculparse. Más bien todo lo contrario: suele insinuar que con tales declaraciones corre un riesgo político, quizás su forma de dar a entender que no está dispuesto a someterse a la corrección política.

Los comentarios de Trump sobre la apariencia física de los demás suelen ser de tono duro. En 2015, se burló de la apariencia física de la exejecutiva Carly Fiorina, entonces su rival por la nominación presidencial republicana. En 2018, cuando su demanda por difamación contra la actriz de cine porno Stormy Daniels fue desestimada, Trump la llamó “cara de caballo.”

Más recientemente, Trump dijo que el fiscal especial Jack Smith, quien lo investigaba por presunto manejo indebido de documentos clasificados y por intentar anular las elecciones de 2020, “tiene pinta de drogadicto.”

Los frecuentes juicios estéticos de Trump no se limitan a las personas. En la reunión de generales del 30 de septiembre, tras decirles a los comandantes que “parecían salidos de un casting”, el presidente atacó la supuesta fealdad de algunos barcos militares.

“Soy una persona muy estética, y algunos de los barcos que están haciendo no me gustan estéticamente”, dijo Trump. “Todos me dicen: ‘Bueno, pero es sigiloso’. Pero pare ser sigiloso no necesita ser feo.”

En ese mismo evento, Trump declaró que había exigido que el papel donde firmaba los ascensos de los generales fuese un poco más atractivo.

“Les dije que le pongan un poco más de dorado. Se lo merecen. Quiero un papel premium, no de cuarta”, dijo Trump. “Solíamos firmar los ascensos en papel de basura. Y yo dije: ‘Este hombre va a ser general. No quiero usar esto. Quiero usar el papel grande, lindo y con cuerpo.”

No todos comparten la opinión de Trump de que “ponerle un poco más de dorado” a algo necesariamente mejora su aspecto. En su segundo mandato, el presidente inundó de adornos dorados el Salón Oval, que sus partidarios elogian porque realzaría su grandeza, pero que sus detractores critican por considerarlos de mal gusto y más propios de una monarquía que de una república.

Trump usa calificativos como “hermoso”, para referirse a los más diversos temas, incluyendo aquellos que difícilmente resistan ese apelativo, como las leyes. A su trascendental ley de presupuesto de este año le puso el nombre de “La gran y hermosa ley”, aunque luego admitió que ese nombre no ayudaba a que los norteamericanos entendieran bien su contenido.

En la ceremonia de paz del lunes en Egipto, Trump declaró: “Es tan hermoso ver nacer un nuevo y hermoso día”. Y al agradecerles a sus anfitriones egipcios por condecorarlo con la Orden del Nilo —la mayor condecoración estatal del país—, Trump exclamó con entusiasmo: “El Nilo es tan hermoso, tan magnífico. La Orden del Nilo es un título muy hermoso.”

A pesar de su afán por calificar el aspecto físico de los demás, Trump rara vez se refiere a su propio aspecto, pero sí lo hizo el martes. Cuando un periodista le preguntó si visitaría la Argentina, desvió el tema para referirse al presidente Joe Biden y a sí mismo, destacando sus respectivas cualidades físicas y de una manera que no necesariamente favorecía su propia apariencia.

“Me encantaría ir a Argentina. Me gustaría ser como Biden. Me gustaría ir a la playa”, dijo Trump. “Pero no tengo piernas delgadas como las suyas. Las mías son un poco gruesas y tengo los brazos un poco más grandes. Tengo el cuerpo un poco más grande. Tal vez en la playa no se notaría, pero no estoy dispuesto a correr el riesgo.”

No ha sido esa la única referencia a nuestro país, el martes 20, en otro pasaje del intercambio con periodistas, el presidente estadounidense fue consultado sobre qué les diría a los agricultores que consideran que el acuerdo de apoyo financiero beneficiaba más a Argentina que a ellos, a lo que Trump respondió: «Mire, Argentina está luchando por su supervivencia, señorita. Usted no sabe nada al respecto. ¿Entiende lo que eso significa? Están muriendo».

Basado en el artículo del NYT; Traducción de Jaime Arrambide

Scroll al inicio