jueves 02 abril 2026

«En las sociedades antiguas se decía lo que pasaba, en las modernas pasa lo que se dice». 

Julián Marías

Un país a contramano

El año pasado los extranjeros hacían colas para cruzar la frontera y comprar productos en Argentina. Cargaban los autos con mercadería (comida, ropa, textiles, productos de higiene y limpieza, remedios y otros bienes durables) y hasta cargaban el tanque de nafta. Algo no estaba bien.

Cinco meses después el panorama se torna diametralmente contrario: colas de argentinos cruzando a Uruguay, Paraguay y Chile para comprar esos mismos bienes porque Argentina -ahora- está muy cara en dólares. Esto tampoco está bien.

Es el manejo de las variables macroeconómicas el que imprimió estas características, compatibles con un modelo de atraso cambiario. Con un tipo de cambio que aumenta un 2% mensual y una inflación promedio mensual varias veces superior a esa cifra en los primeros cinco meses del año es lógico que seamos cada día más caros en dólares. Desde la devaluación de diciembre a mediados de mayo, el peso se apreció 43%, situándonos en valores similares a junio 2023.

Y así lo señalan los economistas con distintas miradas ideológicas que no sólo están cuestionando esta coyuntura macroeconómica, sino que la diagnostican como insostenible y advierten acerca de sus consecuencias para la actividad económica y la competitividad argentina.

Marina dal Poggeto, Directora ejecutiva de la consultora EcoGo, sostuvo -hace unos días en el programa radial de María O’Donnell- que Argentina dejó de estar barata en dólares, reconociendo los efectos negativos de la apreciación cambiaria sobre la competitividad y posible salida exportadora de empresas con costos en alza y caída de consumo.

Carlos Melconian, economista que acompañó a Patricia Bullrich en su candidatura presidencial, declaró que «el precio del dólar actual no es genuino, es trabado» y que hay «falta de heterodoxia» en el plan económico del Gobierno. En esta línea, sostiene que falta un programa de estabilización, crecimiento y desarrollo y que entre los aspectos más cuestionados se observan una jubilación mínima derrumbada, una educación derrumbada, la falta de seguro médico y de política de ingresos.

Miguel Ángel Broda, Director ejecutivo de Broda y Asociados, manifestó en Canal 26 que el ajuste fiscal y monetario no es sustentable en el tiempo, que estamos lejos del crecimiento económico y «que no podemos seguir en recesión y decadencia». En ese sentido, sostiene que un tipo de cambio más alto es un aspecto necesario para la recuperación rápida del PBI.

Y hasta el mismo Domingo Cavallo, padre de la convertibilidad y que conoce bien el problema de una Argentina cara en dólares, consideró insostenible el crawling peg del 2% mensual con estos niveles de inflación y alertó «si el ritmo del crawling peg activo no se ajustara a un ritmo más cercano a la tasa de inflación, los costos de producción en dólares tenderían a aumentar hacia niveles que desalentarían las actividades de exportación y a las sustitutivas de importaciones, poniendo en peligro el superávit comercial luego que se agoten las divisas generadas por la cosecha gruesa y los stocks de insumos importados».

El atraso cambiario es un viejo conocido problema que lesiona fuertemente la competitividad local y las exportaciones, aspectos relevantes para traccionar una economía en recesión como la actual. Si, en paralelo, se afecta al poder adquisitivo dañando el consumo y se lleva adelante una apertura y desregulación comercial -como fue anunciada en el último tiempo por el Gobierno-, sin antes haber resuelto los problemas estructurales que afectan a nuestra competitividad sistémica (presión tributaria, costos logísticos, infraestructura), los resultados se agravan: posible inundación de productos importados y el mayor peso importado en un consumo reducido.

Esto ya ocurrió en la década del ’90 y el resultado fue cierre masivo de empresas industriales, la destrucción de capacidades productivas y el incremento de la informalidad como única alternativa para subsistir.

En este escenario, es fundamental replantear una estrategia que alivie la tensión entre ingresos y producción, es decir, que resuelva los problemas de competitividad fuera de la fábrica y que, a la vez, no genere más perjuicios sobre el consumo interno y la sociedad.

Luciano Galfione, sinopsis de la nota publicada en El Cronista el 16-04-2024.

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