No sé dónde la vi por vez primera,
si en el cielo anterior de la doctrina
del griego o en la tarde que declina
sobre el patio del pozo y de la higuera.
Párrafo del poema LA LUNA de Jorge Luis Borges
La tripulación de Artemis II ha regresado sana y salva a casa tras reingresar en la atmósfera terrestre a 40.000 km/h y amerizar en el océano Pacífico frente a las costas de California.
Han llegado más lejos en el espacio que ningún otro ser humano antes que ellos: algo más de 6.400 km por encima del récord de 399.655 km establecido por la misión Apolo 13 en 1970.
Aunque pueda parecer una experiencia difícil de sobrellevar, la tripulación habla de su estancia en el espacio como el momento más destacado de sus vidas y afirma que volvería sin dudarlo.
Durante el sobrevuelo, Koch, uno de los cuatro astronautas describió a la Luna como un “testigo silencioso de la historia”, al remarcar que todas las personas, en algún momento, la observaron desde la Tierra. En ese sentido, sostuvo que la luna es “la encarnación de algo que está en el corazón de cada uno de nosotros”, una idea que conecta la exploración espacial con la experiencia humana cotidiana.
También destacó que la Luna representa la superación personal y colectiva, en línea con los avances científicos que permiten convertir lo que antes parecía imposible en realidad.
A su llegada, fueron examinados inmediatamente por médicos a bordo del buque de guerra estadounidense enviado para rescatarlos. A continuación, se esperaba que fueran trasladados a tierra en helicóptero para luego ser llevados en avión al Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston.
Tripulación del Artemis II
Con los pies en la tierra:
Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen participaron en un acto en el Johnson Space Center de la NASA, donde compartieron algunas de sus sensaciones. “Estamos unidos para siempre. Nadie aquí abajo va a saber nunca lo que los cuatro hemos pasado. Y ha sido la cosa más especial que pasará jamás en mi vida”, dijo Wiseman dirigiéndose a sus compañeros desde el escenario en el que comparecieron.
Victor Glover, el primer astronauta afroamericano asignado a una misión lunar, aseguró por su parte que no ha “procesado” todavía los diez días de este viaje espacial histórico que pasó alrededor de la Luna. Dio las gracias a Dios, a sus familias y a la agencia espacial, a la que agradeció que mantenga intactas sus “cualidades” pese a su cambio de liderazgo.
Le siguió Christina Koch, la primera mujer en viajar a la Luna, que reflexionó sobre lo que es una tripulación: “Un grupo que está metido en esto todo el tiempo, que pase lo que pase, rema al unísono en cada minuto con el mismo propósito, que está dispuesto a sacrificarse en silencio unos por otros”. “La Tierra era simplemente este bote salvavidas colgando, imperturbable, en el universo”, dijo la astronauta, antes de quedarse con la mirada perdida. “Planeta Tierra, ustedes son una tripulación”, concluyó.
Por último, el canadiense Hansen, apuntó a la “experiencia humana” como parte de la misión, al compromiso de la tripulación por vivir con “alegría” y a su “amor” por “contribuir” al trabajo. “Les sugeriría que, cuando miren hacia aquí arriba, no nos vean a nosotros. Nosotros somos un espejo que les refleja a ustedes. Si les gusta lo que ven, entonces miren un poco más adentro. Estos son ustedes”.

