viernes 11 septiembre 2026

«En las sociedades antiguas se decía lo que pasaba, en las modernas pasa lo que se dice». 

Julián Marías

Tres al uno

Gebel - Hadad - Brito

Hay algo más profundo que una simple lista de posibles candidatos detrás de los nombres de Dante Gebel, Daniel Hadad y Jorge Brito.

Los tres representan, cada uno desde un lugar diferente, tres fuentes de poder decisivas de la sociedad contemporánea: la espiritualidad y la capacidad de movilizar emociones; los medios y la construcción de sentido; y el capital, las empresas y las finanzas. Y hay un dato que los vuelve particularmente interesantes: ninguno nació políticamente.

Gebel llega desde el mundo religioso, pero también desde el espectáculo, la comunicación y una enorme capacidad de convocatoria. Su eventual candidatura todavía no está confirmada, aunque su nombre ya forma parte del debate presidencial de 2027 y existen sectores políticos, sindicales y empresariales que trabajan para instalarlo. Hadad representa el poder de los medios: construyó empresas periodísticas, conoce como pocos la lógica de la comunicación y convirtió la información en una poderosa herramienta de influencia. Brito, finalmente, encarna el mundo empresario y financiero: bancos, inversiones, empresas y una estructura económica que le permite pensar el país desde otra perspectiva.

Espiritualidad, comunicación y capitalismo. Tres mundos que durante décadas estuvieron alrededor de la política y que ahora parecen preguntarse si no ha llegado el momento de ocuparla.

El fenómeno no es exclusivamente argentino. La aparición de outsiders expresa una crisis más profunda de representación: cuando una parte de la sociedad deja de confiar en quienes hicieron de la política su profesión, empieza a mirar hacia aquellos que demostraron capacidad en otros territorios. El empresario que creó una compañía, el comunicador que construyó una audiencia o el líder espiritual que consiguió movilizar multitudes aparecen entonces con un atributo que la política tradicional perdió: la sensación de no pertenecer al sistema que se quiere cambiar.

Javier Milei fue la expresión más contundente de ese fenómeno en la Argentina. Su llegada al poder demostró que podía construirse una mayoría electoral desde afuera de las estructuras partidarias tradicionales. Ahora, el efecto Milei parece haber producido una paradoja: la política busca outsiders para enfrentar al outsider. Sectores partidarios que antes desconfiaban de las figuras ajenas a la política empiezan a buscarlas deliberadamente.

Daniel Hadad - Jorge Brito - Dante Gebel

Daniel Hadad – Jorge Brito – Dante Gebel

La pregunta, entonces, ya no es solamente quién puede ser candidato. La pregunta es por qué un pastor, un empresario de medios o un banquero pueden resultar hoy más atractivos que un dirigente político profesional.

La respuesta probablemente esté, en una palabra: credibilidad. O, mejor dicho, en la crisis de credibilidad de la política.

El ciudadano parece estar buscando en otros ámbitos aquello que dejó de encontrar en los partidos: capacidad, eficacia, autoridad, liderazgo y, sobre todo, una historia personal que pueda exhibirse como prueba de que algo ya fue construido. El empresario puede decir “sé cómo generar”; el comunicador, “sé cómo interpretar y explicar”; el líder espiritual, “sé cómo convocar y dar sentido”.

Pero allí aparece también el enorme riesgo del experimento. Gobernar no es comunicar, conducir una empresa ni movilizar una comunidad religiosa. La política exige negociar intereses contradictorios, administrar el Estado, construir mayorías, aceptar límites institucionales y convivir con el conflicto. El outsider puede llegar con una extraordinaria legitimidad social y, al mismo tiempo, carecer de las herramientas necesarias para transformar esa legitimidad en gobierno.

Por eso, la eventual aparición de Gebel, Hadad y Brito dice tanto sobre ellos como sobre el sistema que los está mirando.

Quizás no estemos frente a tres candidatos. Quizás estemos frente a algo más importante: el retrato de una sociedad que está empezando a buscar el poder fuera de la política porque ya no encuentra en la política a quienes considera capaces de ejercerlo.

Y si eso finalmente ocurre, la discusión sobre 2027 no será solamente quién gana una elección. Será algo bastante más profundo: si el futuro de la política argentina seguirá siendo construido por los políticos o por quienes hasta ayer miraban la política desde afuera.

Por eso, la hipótesis Gebel–Haddad–Brito es más interesante que simplemente decir «aparecieron tres posibles candidatos».

Porque, si efectivamente hubiera una convergencia, estaríamos frente a algo diferente: tres fuentes de legitimidad que tradicionalmente estaban separadas.

Gebel aporta comunidad y autoridad moral. Haddad aporta comunicación y audiencia. Brito aporta empresa, finanzas, organización y vínculos económicos.

Milei, en cambio, llegó con una combinación distinta: economía + televisión + redes + personalidad disruptiva.

Todo este panorama local conecta directamente con lo que está pasando en distintos lugares del mundo: el descrédito de los partidos tradicionales y la aparición de outsiders provenientes de los negocios, los medios, el mundo digital, el espectáculo o de comunidades ideológicas/religiosas.

Y ahí aparece una pregunta sin respuesta por ahora: ¿estamos entrando en una etapa en la que para llegar al poder ya no es necesario pasar primero por la política, sino construir poder en otro ámbito y después trasladarlo a la política?

Tal vez, la respuesta no tarde en llegar.

Orlando Di Pino

Imagen de portada: EL OBSERVADOR DEL SUR

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